domingo, 22 de octubre de 2017

La Cirugía de Cesárea

Hacer o no una cirugía  de  cesárea es un dilema de la práctica cotidiana del ginecoobstetra; de hecho, la cirugía de cesárea es la intervención quirúrgica realizada con mayor frecuencia en el servicio de obstetricia y en la mayoría de algunos hospitales de segundo nivel de atención. Según la opinión de un número creciente de médicos y especialistas en salud pública, los elevados porcentajes de cesáreas en América Latina son una aberración causada por factores financieros, educativos y políticos que crean incentivos para la realización de operaciones innecesarias. Más aún, estos críticos señalan que dichas intervenciones quirúrgicas no sólo desvían recursos necesarios para atender otros problemas de salud más urgentes sino que exponen a las madres y a sus hijos a riesgos innecesarios.

¿Por qué demasiadas cesáreas constituye un problema? En primer lugar, porque la cesárea es una intervención de cirugía mayor, y como tal conlleva una serie de riesgos importantes para la mujer: lesión de la vejiga, útero y vasos sanguíneos, hemorragias, accidentes anestésicos, coágulos en miembros inferiores, embolismo pulmonar, intestino paralizado e infecciones, entre otras posibilidades. Mientras que en países industrializados como Suecia la proporción de cesáreas es  de 11 %, en Francia de 15%  y en Estados Unidos de 21 %, en México pasó de 23 a 35 % .En América Latina entre las cifras varían de 23 % en Argentina, Cuba y Uruguay a 36 % en Brasil y 40 % en Chile. En México, la Norma oficial mexicana para la atención del embarazo, del parto, del puerperio y del recién nacido, propone la reducción de la proporción de operación cesárea a cifras de 20 % en hospitales de concentración y de 12 % en hospitales generales. Durante los últimos 30 años la incidencia de ese procedimiento ha aumentado a un ritmo constante, en parte por la difusión de técnicas de monitoreo del feto que permiten predecir ciertos riesgos perinatales. En algunos países el temor a demandas legales por negligencia médica también ha incentivado la realización de cesáreas. Aunque es indiscutible que las cesáreas bien indicadas protegen las vidas de la madre y el niño en situaciones de emergencia, no pueden soslayarse los riesgos del procedimiento. Aparte de los peligros obvios para la madre asociados con una cirugía mayor, existe suficiente evidencia de que los bebés nacidos por cesárea tienen un mayor riesgo de complicaciones comparados con los nacidos por parto vaginal. Varios estudios han demostrado que una cesárea cuesta entre dos y tres veces más que la atención médica de un parto vaginal. No obstante que los analistas todavía no calculan cómo dichos costos afectan los presupuestos de salud, un estudio publicado en British Medical Journal hace posible una alarmante aproximación. El estudio calculó que si se usa como medida la cifra de 15 %, cada año en los países de América Latina y el Caribe son realizadas más de 850 mil cesáreas innecesarias. Si se toma como base un cálculo conservador de que una cesárea cuesta 500 dólares más comparada con un parto vaginal, los países derrochan 425 millones de dólares anualmente.

La operación cesárea es una práctica en aumento que genera elevados costos adicionales por una mayor estancia hospitalaria y utilización de insumos, sin que necesariamente refleje mejores condiciones de salud reproductiva para la mujer gestante y su producto. La reducción de los casos innecesarios representa un reto en la gestión de los hospitales. En países como México en donde la asignación de recursos económicos para la inversión en salud está limitada, la realización de cesáreas innecesarias representa un dispendio de recursos que podrían utilizarse en mayores coberturas de atención médica y educación en salud de la población materno infantil. Si se quiere atacar el problema de fondo es necesario mejorar los niveles de educación en salud a la población usuaria del servicio, prácticas médicas más reflexivas sobre todo en el uso de la tecnología, actualizar los protocolos de manejo de las mujeres embarazadas, eficientar su supervisión e incentivar las buenas prácticas en la atención médica.
Dr. César Álvarez Pacheco
@cesar_alvarezp
Huatabampo, Sonora.


domingo, 15 de octubre de 2017

Apocalipsis Antibiótico.

El desarrollo de resistencia a los antibióticos es un proceso natural e inevitable. Es así porque los microorganismos son seres vivos que a lo largo de su evolución han desarrollado estrategias que les permitan explorar nuevos nichos y sobrevivir. Los antibióticos no son invención de los humanos, están presentes desde años antes de que los humanos empezaran a poblar el planeta. Los microorganismos durante siglos se han enfrentado con compuestos diversos, de los que hoy derivamos nuestros actuales antibióticos, y por consecuencia pueden actualmente tener resistencia de entrada, es decir, pueden defenderse y convertirse en súper bacterias.

En un contexto histórico, el conocimiento de la asociación entre enfermedad e infecciones llevó inicialmente al descubrimiento y producción de vacunas. Alexander Fleming adelantándose a su época enfatizó que el uso indiscriminado de la penicilina llevaría a un rápido desarrollo de resistencia. Pronto se reconoció la producción de penicilinasa, enzima de la que se han descrito más de 100 tipos y que inactiva a la penicilina. Empezaba así una carrera perdida desde el inicio donde el volumen de la producción industrial de moléculas con efecto antibiótico, lo mismo que la diseminación de los determinantes de la resistencia entre bacterias. Hoy la gran mayoría de los procesos infecciosos se resuelven con cursos cortos de tratamiento, pero es cada vez más frecuente encontrar en nuestra práctica y en los reportes científicos ejemplos de una amplia resistencia a los antibióticos. La situación tiene tal gravedad que la OMS la ha calificado como emergencia mundial y ha llamado a sus estados miembros a tomar medidas para mitigar su explosivo desarrollo y a estimular la búsqueda y diseño de nuevas antimicrobianos. En diferentes foros de análisis económico y de política global se describe la situación como potencialmente catastrófica. En su plan de acción contra el crecimiento de la resistencia la OMS esboza las actividades a diferentes niveles, que incluyen: generar y compartir información epidemiológica; aplicación de medidas de prevención de infecciones; optimizar el uso de antibióticos a través del desarrollo de políticas nacionales y globales sobre el consumo y producción de antibióticos; restricciones sobre el consumo de antibióticos como promotores del crecimiento en ganado, y un uso razonado para el consumo humano. Es evidente que se tienen que implementar acciones drásticas, porque de no hacerlo pronto viviremos en la época pos antibióticos.

No es difícil imaginar lo que podríamos enfrentar si no tuviéramos antibióticos útiles en la actualidad. Las más pequeñas laceraciones resultarían amenazas mortales en caso de infección. Con una población de mayor edad, pacientes críticamente enfermos, pacientes con inmunosupresión, entre otros, serían presa de infecciones. Los efectos de la resistencia antimicrobiana son medibles como aumento en costos de tratamiento, mayor tiempo de estancia hospitalaria, aumento de la mortalidad y morbilidad por microorganismos comunes. En tanto que en el ámbito clínico más próximo, la resistencia antimicrobiana contribuye a la falla en el tratamiento, dificulta la aplicación de guías, limitando el tratamiento, y conduce al uso de antibióticos menos efectivos, o con efectos secundarios poco estudiados. Un obstáculo importante en algunas economías medias es la falta de información específica y con la resolución adecuada para dimensionar la magnitud de las infecciones por microorganismos resistentes adquiridos en la comunidad. Es importante destacar que el mayor consumo de antibióticos se da fuera de la medicina, en el sector agroindustrial. Este sector, al ser el principal consumidor de antibióticos, es también el principal generador de resistencia. Cabe destacar que hay una clara relación entre el uso pecuario y la resistencia, es por tanto imperioso desarrollar políticas que limiten la generación de resistencia a antibióticos usados en la clínica. Para aumentar la vida útil de los antibióticos se deberá limitar su uso en la agricultura y establecer programas de educación y regulación vigorosa, así como estimular el diagnóstico temprano y el uso racional de antibióticos. La resistencia es un fenómeno inevitable, pero no debe constituir una sentencia. De particular importancia es la educación de la población general, incluyendo al personal de salud, sobre el uso apropiado de antibióticos, de no hacerlo pronto estaríamos viviendo un apocalipsis antibiótico.

Dr. César Álvarez Pacheco
@cesar_alvarezp
Huatabampo, Sonora.




domingo, 8 de octubre de 2017

Plaguicidas y trabajadores del campo.

Está muy extendida en el mundo la utilización de plaguicidas, predominantemente organofosforados y carbamatos, en actividades agrícolas y sanitarias. Se han incrementado la variedad de estos productos químicos y las cantidades producidas, particularmente entre los países en desarrollo. México, hace 10 años era el principal importador de plaguicidas en América Latina, y se estimaba al doble la exposición entre la población agrícola activa, comparada con Brasil. También las importaciones fueron insecticidas y herbicidas, en menor cantidad. ¿Cumpliran realmente con los cuidados necesarios en el valle del Mayo y Yaqui?

La gran demanda nacional de productos agrícolas, el aumento en las exigencias comerciales de los países más desarrollados y los cambios en la tenencia de la tierra en nuestro país, han impuesto variaciones en la siembra y cosecha de algunos productos agrícolas. Mientras el maíz, el algodón, la caña de azúcar y el arroz eran productos muy importantes y donde más se utilizaban los plaguicidas, en la actualidad se han incrementado las superficies de tierra sembradas con productos de exportación, como hortalizas, frutas y flores. El manejo de mayores volúmenes de plaguicidas ha incrementado el riesgo de un aumento en la exposición, especialmente entre los trabajadores agrícolas, sanitarios y quienes participan en su proceso de fabricación. Esta situación ha contribuido a la presencia de efectos nocivos a la salud, tan evidentes como las intoxicaciones agudas, las cuales están bien definidas y algunas de las cuales se registran. En países en desarrollo se presenta más de 50% de las intoxicaciones, aun cuando los plaguicidas se utilizan en menor cantidad. En las últimas tres décadas se ha llamado la atención sobre la exposición a bajos niveles de plaguicidas durante tiempo prolongado, lo que puede producir daños al sistema nervioso, malformaciones congénitas, cáncer, mutagenicidad, alteraciones reproductivas y síntomas persistentes. En su mayoría estos plaguicidas son organofosforados y carbamatos. Sin embargo, que se observen mayores prevalencias y gravedad en la sintomatología tales como: dificultad para respirar y dolor de tórax; disminución de la visión, temblor, vómito, diarrea y dolor de pecho; dolor muscular y articular; dolor estomacal y muscular; rigidez muscular y resequedad de la garganta; esto se puede explicar, entre otros aspectos, por las características tóxicas del producto, por la mayor intensidad y tiempo de la exposición en estas poblaciones, por una cantidad superior utilizada, tipo de mezclas y por el inadecuado uso y manejo de los plaguicidas. Algunos pacientes se presentan síntomas más graves, que podrían deberse a mayor exposición o toxicidad del producto, así como a condiciones de trabajo con mayor riesgo, ¿Usted cree, estimado lector? ¡Bah!.

Los efectos tóxicos están en función del grado de toxicidad de la sustancia, de la vía de ingreso, de la concentración y dosis, así como de la duración de la exposición. Son diversas las condiciones del uso y manejo de los plaguicidas, que pueden incrementar o disminuir el riesgo de intoxicación o síntomas persistentes y crónicos: el transporte de las sustancias, mezcla, aplicación, lavado y reparación del equipo, etcétera; además, se debe incluir el tipo de actividad, método de aplicación, formulación del plaguicida, proporción aplicada, capacitación en el uso y manejo de los plaguicidas y equipo de protección personal adecuado; los hábitos en el trabajo y de higiene personal. También se debe considerar el clima, el tipo de cultivo, si éste es de follaje alto o bajo, grado de tecnificación, superficie cultivada y cosechada, si la fumigación se realiza en lugares cerrados (invernaderos) o abiertos, así como si los trabajadores agrícolas son dueños de la parcela o son asalariados. Es importante proponer a las autoridades de salud del país y el estado una verdadera vigilancia epidemiológica de los trabajadores agrícolas, y no sólo un registro de notificación de casos de intoxicación, para que se tomen medidas de prevención y control efectivos, debido a que la mayoría de estos trabajadores carece de seguridad social y  apoyos; ¿culpa de quien? ¿patrones, trabajadores o gobierno? Juzgue usted.
Dr. César Álvarez Pacheco
@cesar_alvarezp

Huatabampo, Sonora.

domingo, 1 de octubre de 2017

Sentí una vez un temblor que nadie más sintió.

El pasado martes 19 de septiembre se llevó a cabo un simulacro de sismo alrededor de las 11:00hrs, movilizando a gran parte de la ciudad de México; desafortunadamente la respuesta no fue la esperada; la falta de tiempo, el trabajo cotidiano y hasta la apatía fueron las causas de que los protocolos no se llevaran de la forma esperada ante alguna contingencia. Para las 13:15 hrs la ciudad fue sacudida (nuevamente) por un sismo de 7.1 grados a la vez que la alarma sísmica suena al mismo tiempo del temblor, generando un caos total en la ciudad muy similar a estar en una escena de una película de desastre respirando miedo por todas partes; gente corriendo tratando de llegar a sus hogares o con familiares, el ejército movilizándose, helicópteros sobrevolando la ciudad, trafico colapsado al igual que las líneas de teléfonos celulares y escombros y cristales en las calles, producto del movimiento de los edificios aledaños sobre reforma. No imagino la saturación en los hospitales y la cantidad de pacientes que acudieron, no por heridas, sino por el pánico ocasionado ante el sismo y el recuerdo mismo de lo que ocasionó el de 1985. Ataques de histeria, crisis hipertensivas, descontroles neuroendocrinos y hasta temblores (corporales) por diversas causas.

El temblor es un movimiento involuntario, rítmico, alternante y oscilante que se produce cuando los músculos se contraen y se relajan de forma repetida. Todo el mundo presenta cierto grado de temblor, denominado temblor fisiológico, o normal aunque sea demasiado leve para notarse en la mayoría de las personas. Los temblores se clasifican según la lentitud o rapidez del temblor, el ritmo, dónde y con qué frecuencia se producen y su gravedad. Los temblores de acción ocurren cuando los músculos se hallan en actividad y el temblor de reposo se produce cuando los músculos están en reposo. El temblor de reposo puede producir sacudidas en una extremidad aunque la persona esté completamente relajada, lo cual puede ser un síntoma de la enfermedad de Parkinson, por mencionar un ejemplo. Los temblores de intención se producen cuando la persona realiza movimientos intencionados. El temblor esencial, cuya causa se desconoce, se inicia por lo general en adultos jóvenes y progresivamente se vuelve más notorio. Los temblores seniles son temblores esenciales que se inician en las personas de edad avanzada. Los temblores esenciales que ocurren en familias se denominan, a veces, temblores familiares. El temblor de intención puede producirse en personas con una enfermedad del cerebelo o de sus vías de conexión. Es común que este tipo de temblor aparezca en la esclerosis múltiple. También pueden lesionar el cerebelo otras enfermedades neurológicas, el ictus o el alcoholismo crónico y producirse temblores de intención. Estos temblores pueden manifestarse en reposo y con la actividad se hacen más evidentes, por ejemplo, al intentar mantener una postura fija o llevar la mano hacia un objeto. El temblor de intención es más lento que el esencial e implica movimientos amplios y toscos.

Aunque los temblores esenciales suelen seguir siempre como temblores leves y no indican una enfermedad grave, pueden convertirse en una molestia. Pueden afectar a la escritura y dificultar el uso de utensilios, y suelen crear situaciones embarazosas. Puede producirse una intensificación del temblor como consecuencia del estrés, la ansiedad, el cansancio, la ingesta de cafeína o por la toma de estimulantes prescritos por el médico. El temblor esencial puede empeorar debido a muchos fármacos, especialmente los utilizados para el asma y el enfisema. Aunque el consumo moderado de bebidas alcohólicas puede reducir el temblor en algunas personas, el abuso de estas bebidas o la abstinencia brusca del alcohol pueden empeorarlo. Otra patología que puede producir movimientos regulares de las extremidades, difíciles de distinguir del temblor, es la epilepsia. El temblor es la manifestación inicial en el 50% de los pacientes con enfermedad de Parkinson. El temblor es un problema que se presenta comúnmente en la práctica clínica. Dentro de todos los tipos de temblor, el esencial es el más común. El diagnóstico diferencial es importante, ya que el manejo y el pronóstico de cada síndrome es muy distinto. Es fundamental la historia clínica y la exploración física del paciente para orientar el diagnóstico en todos los casos. El pasado 19 de septiembre seguí sintiendo  temblor, pero nadie más lo sintió, me di cuenta de que era yo.

Dr. César Álvarez Pacheco
@cesar_alvarezp

Huatabampo, Sonora.