
En Sonora siempre nos ha gustado presumir que somos los mejores en todo. Que si la carne más jugosa, que si los atardeceres más instagrameables, que si el calorón que funde hasta los botes de basura. Pues bien, preparen los confetis de bajo sodio, porque según la ENSANUT, ya alcanzamos el podio máximo: somos el estado número uno en hipertensión arterial. ¡Felicidades a todos!
Hemos logrado que nuestras arterias tengan más presión que una olla exprés en vísperas de Navidad. La realidad es que en Sionora somos un banquete de factores de riesgo, y no, no es casualidad, claro. Es el resultado de un estilo de vida que parece diseñado por un enemigo público. Nuestra dieta básica, ese triángulo amoroso entre la tortilla de harina, la carne asada con su debida grasa y la sal (que le ponemos a la fruta, a la carne y hasta a la herida), es el combustible perfecto para este motor averiado. A esto sumémosle que caminar más de dos cuadras en Hermosillo o Cajeme se considera un deporte extremo o un intento de suicidio por insolación ( y no dije inseguridad, para no herir al oficialismo). El sedentarismo no es solo una opción, es casi un mandato cultural mientras esperamos a que "refresque". El vacío de las políticas públicas que nos heredan las legislaturas locales cada tres años no es cosa menor. Lo más fascinante de este récord es la respuesta de nuestras autoridades. Es verdaderamente conmovedor ver cómo la política pública para combatir la hipertensión parece ser, básicamente, la esperanza. ¿Campañas de prevención? Quizás algún cartel polvoriento en un centro de salud que nadie lee. ¿Regulación de la industria alimentaria local? Por favor, no toquen el negocio. ¿Infraestructura para ejercicio? Claro, parques de concreto sin una pizca de sombra donde podrías freír un huevo a las cinco de la tarde. Es casi poético: el estado tiene la presión alta, pero el gobierno tiene el pulso tan bajo que parece que está dormido. Se limitan a reaccionar cuando el infarto ya tocó la puerta, saturando hospitales que de por sí ya están pidiendo un bypass presupuestal. Ser el número uno suena increíble hasta que te das cuenta de que el premio es una receta de por vida de antihipertensivos y la prohibición de volver a tocar una "dogo de la uni". Mientras no existan políticas reales que vayan más allá de "coma frutas y verduras" —como si el brócoli fuera más barato que un combo de hamburguesa—, seguiremos ostentando esta corona de espinas arteriales. Al paso que vamos, Sonora no será recordado por su grandeza, sino por ser el único lugar donde el aire que respiramos tiene más tensión que el final de una telenovela.
Dado que en Sonora el problema es cultural, la solución no puede ser un folleto aburrido. Generar una iniciativa no es tarea facil, es entrarle realmente al problema y con estos diputados que tenemos nos la ponen aún mas dificil. ¿No se les ha ocurrido en algo que consista en una Certificación Estatal de Gastronomía Saludable, obligatoria para carretas y restaurantes? Es decir: sustitución gradual de sodio: Incentivos fiscales a los comercios que utilicen mezclas de especias locales (chiltepín, ajo, orégano) para reducir el uso de sal en un 30% sin perder el sabor "bronco". La "Media Orden" por ley: Obligar a los establecimientos a ofrecer porciones reducidas de harina y grasas saturadas como opción primaria en el menú, vamos, algunos establecimientos ya lo tienen. Impuesto al "Salero en Mesa": Que el salero no esté puesto por default; si lo quieres, pagas un "impuesto de salud" simbólico de 1 peso que se destine directamente a centros de detección en zonas rurales, también vamos atrasados en este tema en comparación con el centro del país. Mientras que en estados del centro y sur la hipertensión suele detectarse a edades más avanzadas, en Sonora estamos viendo casos en adultos cada vez más jóvenes. Somos el estado que más gasta en tratamientos reactivos (diálisis, infartos) y el que menos invierte en que la gente deje de echarle sal a su espectacular gastronomía.
Dr. César Álvarez Pacheco
cesar_ap@hotmail.com
@cesar_alvarezp
Huatabampo, Sonora




