domingo, 5 de julio de 2026

Cómo sobrevivir al VIH (y a la burocracia) en la salud pública.

           México – Más derechos para pacientes con VIH- SIDA


El acceso universal a la salud en América Latina es una de las promesas más bellas del realismo mágico moderno. Si usted vive con Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), el sistema de salud pública le tiene preparada una aventura interactiva, bajo la bandera de "atención garantizada", los pacientes se enfrentan a un laberinto de ventanillas vacías, farmacias desiertas y citas médicas que parecen programadas para el próximo siglo.

 

Aunque existen estrategias regionales de la OPS para expandir la autoprueba y la detección oportuna, la realidad en las clínicas locales suele ser otra. Conseguir una prueba diagnóstica o un estudio de carga viral a veces requiere más paciencia que conseguir un boleto para el concierto del año. Un mes no hay reactivos, al siguiente se descompuso la máquina, y al tercero, el encargado salió a comer. Una vez superada la trivia del diagnóstico, se ingresa al nivel avanzado: la ventanilla de farmacia. El letrero oficial es: "Abasto de antirretrovirales garantizado al 95%". La traducción real es: Ese 5% restante misteriosamente le toca siempre a usted. El "Switch" recreativo dice: Si el fármaco triple de última generación que le receta el especialista no llegó por "problemas de distribución", la farmacia le ofrece un creativo intercambio de pastillas. Es como si en un restaurante pides salmón y te traen una lata de atún argumentando que "ambos son pescados". Mientras la justificación burocrática es: Los contratos están firmados por millones de piezas, pero las medicinas parecen atrapadas en una dimensión paralela entre los almacenes centrales y las clínicas de los estados. Tratarse en el sector público es también un ejercicio de resistencia emocional. El estigma no solo se encuentra en las calles, sino a veces detrás del mismo escritorio médico. Mientras expertos de primer nivel e infectólogos se desviven por explicar que una persona indetectable no transmite el virus, todavía quedan rincones del sistema asistencial donde el personal prefiere usar triple guante o aplazar cirugías por pánico burocrático y desinformación científica. La meta internacional es eliminar el VIH para el año 2030. Es un objetivo loable y maravilloso. Sin embargo, para que funcione, alguien tendrá que avisarle a las camionetas de reparto que las medicinas deben llegar a las farmacias y no solo quedarse guardadas en los discursos oficiales de los informes de gobierno. Mientras tanto, los pacientes seguirán haciendo fila, cruzando los dedos y esperando que la suerte —o la burocracia— esté de su lado este mes. 

 

México, siempre entusiasta al firmar declaraciones internacionales, se ha sumado alegremente a la promesa global de erradicar el VIH como amenaza de salud pública para el año 2030. Sin embargo, para cumplir la meta de la ONU de que el 95% de las personas conozcan su diagnóstico, estén en tratamiento y mantengan el virus bajo control, el sistema de salud mexicano tendrá que aprender a hacer milagros. La realidad es que el camino hacia el 2030 está lleno de baches burocráticos: un presupuesto federal que se estira como liga, una cadena de distribución centralizada que prefiere acumular cajas en almacenes antes que entregarlas a tiempo, y clínicas periféricas tan saturadas que conseguir una cita de seguimiento se siente como ganar la lotería. Prometer un futuro libre de VIH en los foros internacionales es hermoso y gratis, pero mientras la Profilaxis Pre-Exposición (PrEP) siga siendo un mito de difícil acceso fuera de las grandes capitales y las pruebas rápidas escaseen en las clínicas comunitarias, el año 2030 llegará más rápido que las medicinas a las farmacias del ISSSTE o del IMSS-Bienestar.

Dr. César Álvarez Pacheco 

cesar_ap@hotmail.com 

@cesar_alvarezp 

Huatabampo, Sonora