Nuestra
población en México y en muchos países en desarrollo experimentan un cambio que
va del consumo de comidas tradicionales al de alimentos industrializados altos
en azúcar, grasa y sal; comida rápida, comida procesada para agilizar y
facilitar su transporte y sobre todo conservadores para prolongar su estancia
en las tiendas pero que son ricos en sodio causando daños al organismo de
manera considerable. A esto se atribuye, en parte, el dramático incremento en
la prevalencia de obesidad y enfermedades crónicas, somos el país más obeso y
enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión arterial, continua en
aumento y no se ve la manera de que el gobierno establezca medidas de
contención que detenga esta epidemia. Para atender estos problemas de salud
pública, la estrategia actual se ha enfocado en promover la alimentación
“saludable” a través de recomendaciones a la población sobre qué alimentos
consumir o qué dieta seguir. Tales recomendaciones aíslan los alimentos de su
contexto sociocultural. ¿Qué dieta elegir? ¿Cuál es la mejor? ¿Estamos
informados?
Aunque
la gente piensa en fruta, vegetales y agua cuando se refiere a comida
saludable, no hay una relación clara de las recomendaciones y las costumbres
alimentarias de la población. Por ejemplo, en una comunidad una persona comenta
que no podía comer saludable porque no le alcanzaba el dinero para comprar pan
integral y jamón de pavo, y que sólo podía comer tortilla, papa y quelites (lo
cual es muy nutritivo). El hecho de que las tradiciones alimentarias satisfagan
las necesidades nutricionales refleja la sabiduría popular en elegir sus
alimentos y preparaciones. Sin embargo, las comidas caseras típicas compiten
contra la alta distribución de alimentos industrializados en las localidades (y
no solo despensas que se entregan en campañas electorales). Los alimentos
procesados son intensamente promovidos y presentados de forma positiva al
público y la gente, por conveniencia, termina adquiriéndolos ¿Cuántos de
ustedes consumen refresco diariamente? ¿Sopas instantáneas? ¿Alimentos
congelados? El presupuesto de la industria alimentaria para marketing de
alimentos procesados es muchas veces mayor al destinado para promover la
alimentación saludable. El papel de la industria alimentaria en la promoción de
la alimentación no saludable ha sido poco señalado y el destino del impuesto a
las bebidas azucaradas pareciera ser incierto. La estrategia informativa actual
para que los individuos mejoren su alimentación continuará siendo ineficaz en tanto
la alta oferta de alimentos no saludables continúe. Además, mientras la ciencia
médico-nutricional busca insistentemente causas únicas, la causalidad de
enfermedades se ha tornado muy compleja. La evidencia es inconsistente y
escasa, y la falta de una base científica sólida limita el regular por esta vía
a la industria alimentaria. Ante este escenario, son necesarias nuevas
perspectivas para guiar las políticas contra las enfermedades crónicas en la
población.
El
alcance de la intervención en materia alimentaria debiera extenderse hacia los
determinantes socioculturales y económicos, hábitos tan básicos como realizar
actividad física, consumir vegetales, frutas de temporada, mantenerse hidratado
con agua (no bebidas azucaradas) etc. Mantienen un organismo saludable y
mantienen a raya enfermedades como hipertensión o diabetes. Esto incluye
proteger las tradiciones alimentarias a través de mayor promoción entre la
población, además de mejor regulación a la industria alimentaria para que los
alimentos ofrecidos al público sean nutritivos, consumir tortillas (en
proporciones adecuadas) nopales, quelites, vegetales de hoja verde, carnes
magras y aves de corral de preferencia los que crecen en algún rancho de la
localidad, hace que predomine la salud alimentaria y esto genera una salud a
mediano y largo plazo que evitará que muchas enfermedades lleguen con el tiempo.
Usted, estimado lector; ¿Qué comió el
día de ayer?
Dr.
César Álvarez Pacheco
@cesar_alvarezp
Huatabampo,
Sonora.
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