domingo, 21 de junio de 2026

Entre el calor de Sonora y las ocurrencias de escritorio.

                         Cuánto creen que dure ese mini split en el ISSSTE de Hermosillo? Que no les  extrañe que pronto estén reportando que falló..🥲 | Rosa Lilia Torres-  Noticias


Dicen los optimistas del discurso oficial que la salud pública en México va rumbo a la excelencia escandinava. Sin embargo, cualquier derechohabiente que ponga un pie en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) sabe que la realidad se parece más a una distopía tropical que a un hospital de Copenhague. Hoy, el ISSSTE no solo padece una enfermedad crónica; está en terapia intensiva por cortesía de la asfixia presupuestal, la infraestructura en ruinas y una gestión pública que prefiere la improvisación al diagnóstico científico. Para muestra, el termómetro de Sonora. 

 

Mientras los funcionarios federales diseñan políticas públicas desde la comodidad de oficinas con aire acondicionado central en la Ciudad de México, el personal médico y los pacientes en el norte del país viven un auténtico calvario. Trabajar o ser hospitalizado a más de 40 grados centígrados sin un sistema de climatización funcional no es "austeridad republicana", es una flagrante violación a la dignidad humana. Los médicos, atrapados en una paradoja kafkiana, deben realizar cirugías y consultas sudando la gota gorda (literal) , operando con insumos obsoletos y rezando para que los equipos no se apaguen por sobrecalentamiento. Aquí, la labor cotidiana de salvar vidas se convirtió en un deporte de extremo riesgo. Repercute en el paciente, claro, porque la curación de una herida o el éxito de un diagnóstico también dependen del entorno. Pero explicar la termodinámica y la geografía nacional a la burocracia central parece una tarea más compleja que descubrir la cura del cáncer. Esta parálisis operativa es el síntoma visible de un mal mayor; la deficiencia presupuestal estructural. El ISSSTE se ha convertido en el pariente pobre del sistema de salud, devorado por las pensiones y el abandono de su planta física. Frente a esto, las "soluciones" de las últimas administraciones han oscilado entre el voluntarismo ingenuo y la ocurrencia pura. Se han escuchado propuestas de reingeniería institucional, centralización de compras y promesas de basificación que se quedan a mitad de camino en el pantano de la tramitología. El error histórico de los genios de la planeación ha sido creer que los problemas de infraestructura se resuelven con decretos y conferencias de prensa, en lugar de con inyecciones masivas de capital y licitaciones transparentes de mantenimiento preventivo. La gran ocurrencia ha sido parchar el sistema en lugar de reconstruirlo. Cambiar directivos a ritmo de pasarela política no dota de tomógrafos a los hospitales, ni repara las tuberías, ni mucho menos enciende los aires acondicionados en el desierto sonorense. El personal de salud hace milagros diarios con lo que tiene a la mano, jugando el rol de héroes involuntarios en un sistema que les exige excelencia mientras les entrega desabasto. Al ISSSTE ya no le quedan vidas que empeñar en el juego de la improvisación. La crisis actual exige dejar atrás la retórica de la simulación y las ocurrencias de escritorio. Urge un rescate financiero real que empiece por lo básico: dignificar el espacio donde los trabajadores del Estado cuidan a otros trabajadores del Estado. Si no se puede garantizar algo tan elemental como el aire fresco en medio del verano sonorense, el discurso de la cobertura universal seguirá siendo exactamente eso: puro aire caliente.

 

Mientras el reloj avanza, la realidad del instituto nos recuerda que la salud no se administra con ideologías, sino con presupuestos bien ejecutados y mantenimiento real. Si la nueva administración federal, que ya suma casi dos años en el poder, mantiene la inercia de culpar al pasado en lugar de encender los aires acondicionados del presente, el ISSSTE terminará por convertirse en el monumento definitivo a la negligencia institucional. Esperemos que, antes de que el termómetro vuelva a marcar récords en el norte, la prioridad de los altos mandos deje de ser la próxima campaña y pase a ser, por fin, la supervivencia de sus propios derechohabientes.

Dr. César Álvarez Pacheco

cesar_ap@hotmail.com

@cesar_alvarezp

Huatabampo, Sonora

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