
Por supuesto que un paracetamol alivia más la migraña si el empaque lleva impreso el sello del gobierno. Eso es un hecho científico... o al menos eso parece creer la burocracia mexicana tras la reciente polémica por la filtración de lineamientos que exigirían incluir iconografía oficial en los medicamentos del sector público. Aunque las autoridades corrieron a matizar la validez de los diseños virales, el río suena porque agua —o propaganda— lleva. La gran pregunta es: ¿es viable convertir las cajas de antibióticos en folletos electorales?
Legalmente, la propuesta camina sobre una cuerda floja muy delgada. En México, el diseño de las cajas de medicinas no es una decisión estética; está rígidamente controlado por la Ley General de Salud y la NOM-072-SSA1-2012. Estas normas exigen que el empaque sirva exclusivamente para fines sanitarios e informativos: dosis, sustancias activas, riesgos y caducidad. Además, el artículo 134 de la Constitución prohíbe estrictamente el uso de recursos públicos para la promoción personalizada de los gobiernos. Argumentar que colocar un logotipo partidista o institucional en un fármaco es "información para el paciente" es un malabarismo retórico que difícilmente resistiría un amparo en tribunales. La ley busca evitar confusiones; un empaque saturado de propaganda atenta directamente contra esa claridad visual obligatoria. Para los laboratorios y proveedores farmacéuticos, esto no es un simple cambio de formato en Word. Modificar un empaque secundario implica: Modificaciones de marbete, es decir, cada cambio gráfico debe ser aprobado formalmente ante la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS): Nuevas líneas de producción: Separar el empaque del mercado privado del empaque destinado al sector público eleva los costos operativos de empaquetado; Merma de inventario: Descartar millones de cajas ya impresas para sustituirlas por el diseño con "sello de bienestar" genera un desperdicio masivo. En términos económicos, un cambio masivo de este tipo puede elevar los costos de empaquetado e impresión entre un 15% y un 25% por lote debido a la doble producción y los trámites regulatorios. Aunque para el Gobierno parezca "gratis" porque el costo lo absorbe el proveedor, la realidad es que los laboratorios terminarán trasladando ese sobrecosto al precio final de las licitaciones públicas. Al final, el erario pagará más por caja solo para que el medicamento combine con los colores del gobierno en turno. ¿Cómo nos vemos frente al mundo? A nivel internacional, México haría el ridículo normativo. En regiones con alta exigencia regulatoria como la Unión Europea (a través de la Agencia Europea de Medicamentos) o en Estados Unidos (con la FDA), los empaques son herramientas estrictamente clínicas. En esos países, la tendencia es hacia el minimalismo, el uso de códigos QR internacionales y elementos braille para evitar errores de dispensación. El empaque de un fármaco se trata con la seriedad de un dispositivo médico de precisión, no como la envoltura de un dulce promocional de feria comunitaria. Convertir la escasez y el desabasto crónico de medicamentos en una oportunidad de posicionamiento de marca es, por decir lo menos, un síntoma de prioridades distorsionadas. Si bien la Secretaría de Salud ha negado la inmediatez de la medida, la mera existencia de estos anexos técnicos demuestra que la prioridad no siempre es que la medicina cure, sino que se note quién la regala. Al final del día, a un paciente con dolor lo único que le importa es que la caja contenga la pastilla que necesita, no que el empaque le sonría con propaganda oficial.
Al final, parece que la máxima de la salud pública actual es que el dolor se lleva mejor si viene envuelto en los colores del partido. Si esta genialidad gráfica se concreta, los mexicanos podremos estar tranquilos: tal vez los hospitales sigan sin gasas, los tratamientos oncológicos sigan llegando tarde y el desabasto sea la norma, pero eso sí, la única e inútil pastilla de la caja tendrá un diseño vanguardista, patriótico y moralmente aprobado. Una verdadera victoria de la mercadotecnia sobre la medicina, donde lo importante no es sanar el cuerpo, sino asegurar el voto antes de que termine el efecto del analgésico.
Dr. César Álvarez Pacheco
cesar_ap@hotmail.com
@cesar_alvarezp
Huatabampo, Sonora
No hay comentarios:
Publicar un comentario