El
placer es una expresión psíquica básica que se ha desarrollado a lo largo de la
evolución y contribuye a la adaptación al medio ambiente y las personas. Placer
y dolor forman un par indisoluble que constituye uno de los principales motores
de la conducta, no es una dicotomía fácil, sobre todo cuando de humanos se
trata: hay dolores placenteros (masoquismo) y placeres dolorosos (el amor del
poeta, o la comida picante por ejemplo). Los mecanismos neuronales que disparan
esa sensación que llamamos placer contribuyen a actos tan básicos como el
buscar el pecho de nuestras madres para amamantarnos. En parte gracias al
reforzamiento positivo que producen las experiencias placenteras, o al negativo
que producen las experiencias dolorosas, es que reconocemos a nuestras
familias, comemos, aprendemos, nos reproducimos, etcétera. Las personas
malinterpretamos todo esto en la mayoría de las ocasiones que en ocasiones llevan
a recurrir a otras practicas como la administración de sustancias para la
generación del placer; el caso de Prince, Philip Seymour Hoffman, y hasta Michael Jackson por
mencionar algunos. Llama la atención el nombre de sustancias que antes no se
comercializaban, pero que siempre estuvieron ahí, como el Fentanil.
Una droga que apareció en escena la década pasada ha
comenzado a preocupar a la Organización de Naciones Unidas (ONU) y al gobierno
de Estados Unidos. Se trata de una sustancia que se creía ya controlada y
regulada. Autoridades han asegurado que la caída del consumo de cocaína, la
legalización de la mariguana y el repunte de la heroína impulsaron el regreso
del fentanilo y sus derivados, como la mezcla llamada “china white”. Surgen así
las llamadas drogas de diseño. Éstas son variantes de fármacos disponibles en
el mercado. A partir de un compuesto con efectos fisiológicos conocidos, por
medio de series de reacciones químicas, se pueden añadir o quitar segmentos a
la molécula (agregando un grupo metilo, generando una nueva sal, oxidando la
molécula, etcétera) construyendo una infinidad de compuestos con diversos
efectos en el organismo. Por ejemplo, se conocen más de cuatrocientos derivados
del fentanil y, muchos de ellos, se producen en laboratorios clandestinos. Tiene
su historia en Afganistán que, ante la escasez de heroína producida por una
enfermedad en la adormidera de opio, migró a varios países europeos en la
década pasada y de ahí brincó a otros mercados, de acuerdo con el “Informe
Mundial Sobre las Drogas 2012 de la Organización de las Naciones Unidas”. El
fentanilo, como anestésico, se usa actualmente en los hospitales de todo el
mundo en cirugías comunes y de rutina; sin embargo, se ha comenzado a tomar
cartas en el asunto para su regulación y en algunos casos se ha propuesto
retirar del mercado algunos productos con este activo, debido a que muchas
personas han muerto de sobredosis. Incluso hubo un repunte de muertes cuando
este fármaco legal comenzó a venderse en parches transdérmicos.
Los cárteles mexicanos han entrado a este negocio, con
producción de la droga en laboratorios clandestinos, de acuerdo a los diversos
medios y según reportes, podrían ser los proveedores de estos narcóticos. A
propósito de esto yo me quede con las ganas de escuchar alguna entrevista o
interrogatorio a Joaquín Guzmán, antes de ser enviado a EU. ¿Apoco usted no, querido lector?
Seguramente nos llevaríamos muchas sorpresas; pero en fin, ya nos proveerá el
vecino país del norte información que nuestras autoridades no fueron capaces de
obtener (pero que todos suponemos).
El fentanilo es 100 veces más potente que la morfina, tiene
un comienzo de acción menor a 30 segundos, el efecto puede durar hasta 60
minutos, no tiene olor. La agencia antidrogas estadounidense (DEA) coloca al
fentanilo junto al metilfenidato en la categoría II, donde figuran sustancias
que pueden generar dependencia rápidamente. Una sustancia que comienza a ser
comercializada y distribuida y bastante peligrosa ya que a poca dosis conduce a
una depresión respiratoria y muerte. Un problema que ha sido identificado y que
no debería tardar en resolverse o implementar acciones.
Dr. César Álvarez Pacheco
@cesar_alvarezp
Huatabampo, Sonora.
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