domingo, 20 de septiembre de 2026

El asesino silencioso en el patio.

                                Rickettsia: la enfermedad que tiene en alerta al norte de México - UNAM  Global


Imagine que despierta una mañana sintiéndose un poco resfriado. Le duele el cuerpo, tiene algo de fiebre y un cansancio que no se quita ni con tres tazas de café. Lo lógico es pensar en una gripe común, en dengue o, tras los últimos años, en COVID-19. Va al médico, le recetan paracetamol, reposo y de vuelta a casa. Pero pasan los días, el malestar empeora, aparece un sarpullido extraño y, de pronto, la situación se vuelve crítica. Lo que parecía un achaque estacional es, en realidad, rickettsiosis, una enfermedad transmitida por la picadura de garrapatas que avanza sin hacer ruido pero destruye con una fuerza devastadora.

 

Explicado de forma sencilla, la rickettsiosis no es un virus; es una enfermedad causada por bacterias microscópicas que viajan a bordo de las garrapatas, principalmente aquellas que viven en los perros. Cuando una garrapata infectada nos muerde, inyecta estas bacterias directamente en nuestra sangre. El verdadero peligro de este padecimiento radica en su altísima letalidad: si no se recibe el antibiótico correcto (que es muy específico) dentro de los primeros cinco días desde que empiezan los síntomas, la probabilidad de morir puede superar el 40%. Es, literalmente, una carrera contrarreloj. El gran desafío es que diagnosticarla a tiempo es un auténtico dolor de cabeza para los médicos. En sus etapas iniciales, la rickettsiosis es un camaleón biológico. No tiene un síntoma único que diga "aquí estoy". Se confunde fácilmente con diagnósticos diferenciales como el dengue, el zika, la chikungunya, la salmonelosis o una infección respiratoria severa. Cuando el paciente o el doctor sospechan que se trata de algo más grave —a menudo cuando aparecen manchas rojas en la piel—, suele ser demasiado tarde porque las bacterias ya han dañado los vasos sanguíneos y los órganos internos. En México, este problema ha dejado de ser un caso aislado para convertirse en una deuda pendiente de salud pública. Aunque se presenta en varios estados del país, Sonora se ha consolidado históricamente como el epicentro de esta tragedia. Las condiciones climáticas del estado, el calor extremo y la falta de control en las poblaciones de animales callejeros crean el escenario perfecto para que la garrapata café del perro se reproduzca sin freno. Año con año, los boletines epidemiológicos locales confirman que Sonora lidera las tasas de contagio y mortalidad por esta causa en el país, cobrando vidas que pudieron salvarse con una limpieza profunda en el patio y un diagnóstico oportuno. No podemos seguir tratando a la rickettsiosis como una enfermedad del pasado o de la periferia. Mientras la confundamos con una simple calentura, el asesino seguirá viviendo en nuestros patios, esperando el más mínimo descuido para cobrarse la siguiente vida.

 

Afrontar esta crisis exige dejar de ver a la rickettsiosis como un problema doméstico y abordarlo desde verdaderas políticas públicas integrales. Hasta ahora, los esfuerzos se han limitado a campañas temporales de vacunación y desparasitación que resultan insuficientes. El Estado mexicano, con especial urgencia en Sonora, necesita implementar programas permanentes de control de fauna callejera, pavimentación y mejora de vivienda en zonas vulnerables donde el suelo de tierra perpetúa el ciclo de la garrapata. Asimismo, es vital capacitar de manera obligatoria al personal médico de primer contacto para que recete el tratamiento adecuado ante la menor sospecha, y garantizar el abasto ininterrumpido del antibiótico específico en todas las clínicas rurales y urbanas. Sin un presupuesto etiquetado y una estrategia de salud comunitaria a largo plazo, contener este brote seguirá siendo una promesa de escritorio.

Dr. César Álvarez Pacheco 

cesar_ap@hotmail.com 

@cesar_alvarezp 

Huatabampo, Sonora

 

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