domingo, 26 de abril de 2026

Crónica de un bienestar que ya teníamos.

        A partir de hoy, Insabi sustituye a Seguro Popular | El Informador


Es un deleite ver cómo hemos alcanzado finalmente la cúspide de la evolución médica. No puedo evitar soltar una lagrimita de alegría al ver cómo las salas de espera ahora son espacios de "meditación profunda" (porque vaya que tienes tiempo para meditar) y cómo el desabasto de medicamentos es, en realidad, una estrategia de vanguardia para fortalecer nuestro sistema inmunológico a base de fe y té de manzanilla.

 

Qué tiempos estos, donde la burocracia es tan eficiente que uno casi siente que está en Dinamarca, o al menos en un set de filmación de una película de época donde los antibióticos eran un mito urbano. Pero, siendo honestos, mi corazón se pone nostálgico al recordar un sistema —claramente inferior, según los expertos de hoy— que tenía la osadía de ofrecer cosas tan mundanas como una cartilla que sí servía para algo. Aquel sistema era casi ofensivo en su funcionamiento. Imaginen el descaro: podías llegar con un diagnóstico de cáncer, una insuficiencia renal o un problema cardíaco complejo y, por alguna razón mágica que hoy llamaríamos "corrupción", el tratamiento estaba cubierto, si; cubierto. Ni una deuda de por vida, ni una colecta en Facebook. Qué falta de carácter la nuestra, acostumbrarnos a que el Estado financiara trasplantes y quimioterapias sin pedirnos a cambio nuestra dignidad en una fila de seis horas bajo el sol. Era un sistema tan "limitado" que llegó a cubrir a más de 50 millones de personas que no tenían ni IMSS ni ISSSTE. ¡Qué horror! Atender a los más pobres como si tuvieran derechos. Menos mal que hoy hemos superado esa etapa y ahora navegamos en la maravillosa incertidumbre de no saber si habrá paracetamol o si el hospital de la esquina sigue abierto. Resulta fascinante observar cómo hemos evolucionado de la "trágica" certidumbre de tener un médico asignado, a esta emocionante aventura contemporánea de peregrinar por tres clínicas distintas para encontrar a alguien que, al menos, te tome la presión. Antes, el sistema pecaba de ser predecible: si tu hijo necesitaba una cirugía, había un fondo destinado a que no tuvieras que vender tu casa para pagarla. Qué aburrido era ese esquema de protección financiera que evitaba la quiebra familiar; mucho más estimulante es el modelo actual, donde el "bienestar" consiste en aprender a ser resilientes mientras descubrimos que el presupuesto para salud se ha transformado, por arte de magia, en asfalto para pistas de aterrizaje o vías ferroviarias en la selva. Además, hay que aplaudir la valentía de haber eliminado esos convenios con hospitales privados y farmacias que, en su momento, desahogaban las listas de espera. ¡Qué falta de patriotismo era recibir atención rápida fuera del sector público! Era mucho más digno —como lo hacemos hoy— esperar meses por una mastografía, porque la espera purifica el alma y el sufrimiento nos hace más humanos. Nos dijeron que el sistema anterior era un nido de privilegios innecesarios, y vaya que les creímos: ahora todos somos iguales ante la carencia, compartiendo democráticamente la misma receta vacía y el mismo consuelo de que, en algún momento del próximo sexenio, finalmente seremos como los países nórdicos.

 

Me llena de sarcasmo —perdón, de entusiasmo— recordar cómo antes la gente se sentía segura porque, al menos, las vacunas estaban a tiempo y los cuadros básicos de medicina no eran una lista de deseos para Santa Claus. Pero claro, hoy somos más modernos. Hoy preferimos la épica de la escasez y el romanticismo de "regresar a las bases". Seguramente ya se imaginan de qué maravilla de sistema hablo, ese que hoy nos prometen cada mañana pero que en realidad ya teníamos y, en un arranque de brillantez, decidimos demoler para construir un castillo de aire. Hablo, por supuesto, del Seguro Popular. Ese pasado que, entre más lo comparamos con el presente, más parece el futuro que perdimos. El verdadero Dinamarca.

Dr. César Álvarez Pacheco 

cesar_ap@hotmail.com 

@cesar_alvarezp 

Huatabampo, Sonora

 

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